Samuel, el PGE, el FMI y la apuesta de riesgo
La hegemonía del MAS durante 20 años, cierta pereza intelectual para descifrar los contrapoderes que aquel entramado contenía y, en general la dinámica subordinada de la Asamblea Plurinacional convirtió la política boliviana en una suerte de ring o pelea de barras, donde los propios eran siempre buenos y los rivales, siempre malos, y viceversa. No había espacios para los matices. Esto ya cambió en la fase final del gobierno de Luis Arce donde los movimientos sociales se descompusieron, y por supuesto en el clima preelectoral, en el que se multiplicaron los frentes aspirantes.
El resultado fue una victoria de Rodrigo Paz en segunda vuelta luego de lograr un piso de 32% y 1,7 millones de votos que duplicó en la segunda. La relativamente sorpresiva victoria de un candidato sin apenas estructura dejaba además un parlamento fragmentado con hasta siete fuerzas políticas distintas, todas ellas conformadas en base a alianzas coyunturales, por lo que nadie esperaba especial cohesión en las bancadas. En cualquier caso, y pese a los esfuerzos del asesor personal de Rodrigo Paz Pereira, Fernando Cerimedo, para crear un marco comunicacional de buenos y malos y gestionar desde la polarización y el victimismo, la realidad va evidenciando su diversidad y sus matices.
Y sus ambiciones. El desembarco del FMI, la aprobación del Presupuesto General del Estado o las muchas tensiones vividas ya al interior de instituciones como el Seneracom o la Aduana así lo evidencian. La ruptura de Samuel Samuel Doria Medina quería ser importante en este gobierno como lo fue con Jeanine Áñez – aunque insista en borrar aquel capítulo -.
Esta vez tenía a su favor una bancada suficiente para sacar adelante las “normas del cambio” y el haber brindado la estructura suficiente en la segunda vuelta “a cambio” – dicen desde dentro – de algunas carteras clave, como la Presidencia de un José Luis Lupo que, por otro lado, es un actor de vuelta de todo y con expectativa de “ser abuelo a tiempo completo” según sus confesiones de la pasada semana. Paz le negó desde el principio la posibilidad de hacer un gran pacto político de legislatura de forma exclusiva y público, sus operadores en la Asamblea apostaban por acuerdos puntuales y asimétricos en función de cada norma, forzando las posibilidades aritméticas tanto con la bancada de Unidad como con la de Libre de Tuto Quiroga, que ciertamente es más cohesionada.
Es verdad que en el Gobierno de Paz tampoco consideraban la posibilidad de entrar a modificar la Constitución con dos tercios o similar. Doria Medina tuvo paciencia hasta aquella Cumbre en Cochabamba a la que asistió Tuto y no él y se presentaron los títulos de una decena de leyes de las que apenas nada se supo después y hasta hoy. Vinieron los bloqueos y los cincuenta días de inacción.
Calmadas las aguas, apostó por la ruptura, pero con ruido. Se lo ha dicho a Pomacusi, a Junior, a Tuffí Aré y a quien le ha puesto un micrófono delante pidiendo una aclaración de lo que el mismo Lupo viene diciendo desde hace dos semanas. Lo curioso es que Lupo, el ministro de la Presidencia menos ejecutivo de la democracia reciente, sigue en el gabinete.
Ni se va, ni renuncia. Varios analistas señalan que tanto Samuel como Tuto, que también viene subiendo el tono en sus críticas, saben que su tiempo se acaba si Paz Pereira logra acabar mal que bien la legislatura y canalizar una sucesión hacia algún lugar dentro de cinco años, pero también si la caída es violenta y el poder vuelve al bloque popular – en estos momentos invisible más allá de los esfuerzos de Claudia Herbás -. Culpar a la inmadurez y la improvisación, frente a su “experiencia contrastada”, parece ser su última baza en un escenario de choque.
Lo curioso – dicen otros - es que sigan teniendo una oportunidad (o creyendo tenerla) pese a sus resultados recientes e históricos. Las críticas sin embargo no se concretaron en bloqueo legislativo: se aprobó la reformulación del Presupuesto General del Estado (PGE) – que es un tema menor aunque se venda como mayor – y da cierto aire para la otra “gran noticia” de e4sta semana: el desembarco del FMI. El FMI y el riesgo El Fondo Monetario Internacional lleva metiendo en cintura gobiernos y países que apostaron por recetas diversas y perdieron el pulso con los acreedores 80 años.
Antes se hacía en silencio, pero las redes le dieron otro protagonismo. En la gran crisis de deuda europea de los 2010 luego del colapso de Lehman Brothers en 2008, el FMI hizo “su tarea” y a los gobiernos les era relativamente sencillo culpar al agente externo de las medidas que se presentaban como inevitables y que seguían más o menos el mismo patrón (abaratar el despido, la jubilación, recortar el gasto público, privatizar, etc.,). Alguno hasta fue reelecto.
No es que al Fondo le interese tener buena reputación ni muchos like en Facebook, pero de un tiempo a esta parte viene recomendando a los gobiernos primero dar muestras de voluntad y asumir el desgaste antes de intervenir. En Bolivia se intentó con el 5503, y aunque cayó se mantuvieron algunas exigencias (que ya no se llaman así) como congelar salarios, eliminar parte de la subvención al combustible y, lo último, liberar el tipo de cambio fijo. Aunque el acuerdo aun no se muestra, el Gobierno saca pecho asegurando que son sus medidas y no las impuestas.
El primer acuerdo es de 1.900 millones, pese a que se difundió que serían 2.800 y lo cierto es que se barajan hasta 10.000. Ni Jaima Dunn, ni Gonzalo Chávez, ni Mauricio García Ríos son especialmente optimistas con el mecanismo propuesto por diferentes motivos. Esencialmente señalan que se contrata deuda para “bicicletear”, que se interviene el mercado de forma artificial y que no ven especial voluntad en el recorte del gasto público – que desencadenaría una mayor tormenta social -.
Gabriel Espinoza, el ministro de Economía, lo repite cada vez que puede con el tono de convicción mejor ensayado que tiene: los dólares van a llegar. Se refiere a la liquidación de dólares de los exportadores agropecuarios y de los mineros, y en ambos casos, las apuestas tienen mucho de político. Los precios de los minerales siguen altos, aunque hay algunas alertas en el escenario mundial sobre la contención y el cambio.
El peso de los mineros del oro en este rubro había crecido y ahora se ha reacomodado. Las malas lenguas dicen que de 33 que tenían “acceso” el mercado se ha reducido a tres. Uno de ellos justamente los Lema Roca del reciente pulso entre las autoridades aduaneras y las mineras.
Veremos la voluntad de repatriar esos dólares. Lo propio con el poder agroindustrial, que han desarrollado toda una ingeniería apoyados en Paraguay para “protegerse” de los vaivenes del dólar en Bolivia y que todavía hacen cuentas sobre los nuevos precios del combustible, los márgenes del nuevo dólar y su verdadera capacidad de influencia en el gabinete de la mano de un Mario Justiniano que ha bajado el perfil en las últimas semanas.