Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026: las mujeres que protegen la partería en Latinoamérica
Antes de que un recién nacido respire por primera vez, una partera indígena ya ha leído el territorio. Ha observado la luna y reconocido las plantas medicinales que aliviarán a su madre del dolor, ha preparado infusiones, encendido el fuego y convocado un conocimiento transmitido durante generaciones. En muchas comunidades indígenas, el acto de traer una vida al mundo no es solo un procedimiento médico, sino también una forma de cuidar el bosque, el agua, las semillas, la lengua y la memoria colectiva. Este vínculo entre el nacimiento y el conocimiento ancestral será el eje del Día Internacional de los Pueblos Indígenas en 2026, que busca reconocer la partería indígena como una práctica que salvaguarda la vida y el bienestar. La fecha tiene como objetivo visibilizar el aporte de quienes acompañan los nacimientos y los desafíos que enfrentan, como la falta de reconocimiento institucional y la interrupción de la transmisión de saberes entre generaciones.
La antropóloga guna Yadixa Del Valle-Guardia entrevista a Cecilia Arango en su hogar, donde una Siggwi Gaed (partera guna) la acompaña en el fondo de la vivienda. Esta imagen refleja la estrecha relación entre las mujeres embarazadas y las parteras guna. En el mensaje oficial de la conmemoración, el secretario general de la ONU, António Guterres, afirmó: "Es imprescindible que defendamos los derechos de las mujeres indígenas a tomar decisiones informadas sobre su propio cuerpo y cuidados. La sabiduría tradicional puede proteger las nuevas vidas". En una conversación con tres mujeres de Panamá, Ecuador y México, se exploran los esfuerzos por mantener viva la partería indígena y los retos que enfrentan para transmitir estos saberes y defender el derecho de las comunidades a decidir sobre sus partos.
En Panamá, antes del amanecer, un Inaduled —médico tradicional guna— entra al bosque en silencio, pidiendo permiso a Nabbguana, la Madre Tierra, antes de cortar una planta medicinal. Para la tradición guna, el bosque es un ente vivo, donde los animales y el agua también forman parte de esta relación. Solo después de este ritual, el Inaduled recoge las plantas que se convertirán en Muu Ina, un conjunto de medicinas que las parteras Siggwi Gaed ofrecen a las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto en las comunidades de Gunayala. El término Muu Ina combina "Muu", que significa abuela y útero, e "Ina", que se refiere a la medicina. Según Del Valle-Guardia, traducirlo solo como "medicina de plantas" omite su significado profundo. El Muu Ina acompaña diversas etapas del embarazo, desde el alivio de malestares hasta la recuperación postparto.
La investigación de Del Valle-Guardia, basada en trabajo etnográfico, muestra que el Muu Ina forma parte de un sistema de cuidado más amplio, donde los médicos botánicos preparan las medicinas y las parteras acompañan a las mujeres. Este acompañamiento puede cambiar la relación con el sistema de salud convencional, como lo demuestra el caso de una mujer que, tras consultar a una partera, evitó una cesárea innecesaria. Sin embargo, la falta de relevo generacional es un desafío crítico. Aunque existen formaciones para médicos botánicos, no hay una escuela de partería desde la perspectiva guna. "Hay una urgente necesidad de crear una escuela de formación de parteras", afirma Del Valle-Guardia, advirtiendo que sin esta acción, la partería guna podría desaparecer.
En Ecuador, las mujeres achuar y shuar consideran que el bosque lo tiene todo: árboles que alimentan, plantas que curan y saberes que acompañan la llegada de una nueva vida. La partería en esta región no solo es un acto de salud, sino una forma de cuidar el territorio y preservar la memoria ancestral. La iniciativa Ikiama Nukuri, que significa "mujeres protectoras de la selva", nació en 2006 cuando Narcisa Mashienta, mujer shuar, se dio cuenta de las dificultades que enfrentaban las mujeres achuar para acceder a atención materna. La mortalidad materna era alta y muchas mujeres parían solas, lejos de los centros de salud. Ikiama Nukuri ha formado una red de más de 60 parteras y ha acompañado alrededor de 3900 partos, promoviendo una atención materna culturalmente adecuada.
Mashienta enfatiza que la salud de las mujeres y la protección de la Amazonía son inseparables. "Mientras más salud tengamos, más vida vamos a tener para seguir cuidando el bosque", afirma. Sin embargo, la falta de reconocimiento y las barreras para articularse con el sistema de salud pública siguen siendo obstáculos. Cristina Melo, coordinadora de derechos en la Fundación Pachamama, señala que, a pesar del reconocimiento constitucional de la salud intercultural, las parteras indígenas enfrentan criminalización y barreras para ejercer su labor. La defensa de la partería es también una defensa del bosque, ya que la contaminación y la expansión de actividades extractivas amenazan los conocimientos y las plantas medicinales que sostienen la vida comunitaria.
En México, el nacimiento se entrelaza con rituales y prácticas ancestrales. Lilia Heber Pérez Díaz, del pueblo ayuujk, destaca que el cuidado no termina con el parto, sino que continúa en el temazcal, un espacio donde se utilizan plantas y se recibe acompañamiento familiar. La organización de mujeres Poj Kääj, fundada en 2009, busca recuperar los saberes de las parteras ayuujk y documentar las experiencias de parto. Sin embargo, muchas de las parteras que conservan estos conocimientos son mayores, y las nuevas generaciones enfrentan desafíos para aprender. Pérez Díaz sostiene que es crucial no solo documentar, sino también practicar estos saberes. La partería vive en las manos de quienes acompañan los nacimientos y en las plantas medicinales que se nombran en ayuujk.
Poj Kääj ha desarrollado un herbario para preservar las plantas medicinales y ha abierto la Casa Temazcal, un espacio que resguarda prácticas ancestrales de cuidado y transmisión de conocimientos. A pesar de los desafíos, Pérez Díaz ve un futuro esperanzador. "Queremos que la partería tradicional no se pierda, que el liderazgo femenino sea valorado y que nuestra población indígena sea escuchada y respetada", concluye. Las redes de cuidado tejidas por las mujeres ayuujk demuestran que el bienestar no depende únicamente de los servicios médicos, sino también de la organización, la solidaridad y el conocimiento colectivo.