La Gobernación busca convertir el turismo en industria
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La Gobernación busca convertir el turismo en industria

Tarija quiere dejar de mirar al turismo como una actividad complementaria y empezar a tratarlo como una verdadera industria. Ese es el planteamiento que defiende el secretario departamental de Turismo, Carlos Eduardo Barez, quien considera que el departamento tiene suficiente patrimonio natural, cultural, gastronómico y productivo como para construir una economía turística capaz de generar empleo, inversión y actividad durante todo el año, tal como explicó en el programa Parlamento de elpais.bo. El desafío, sin embargo, parte de una situación compleja.

Barez asegura que el sector atraviesa una fuerte caída en la llegada de visitantes y atribuye parte importante del problema a la pérdida de conectividad aérea. Según datos de la Cámara Hotelera utilizados por la Secretaría, la ocupación habría caído alrededor de un 75% en el último semestre. La situación se vuelve más delicada por la incertidumbre institucional a nivel nacional.

El Gobierno central decidió desmontar el Ministerio de Turismo y Cultura que había sido anunciado inicialmente, para plantear después una agencia y, posteriormente, volver a considerar la posibilidad de un viceministerio. Para Barez, el cambio supone la pérdida de una voz específica para el sector dentro del gabinete. “Perdemos una voz muy importante en un gabinete”, sostiene, aunque advierte que Tarija no puede limitarse a esperar respuestas desde La Paz.

La primera tarea, según el secretario, será ordenar la casa. Una de las principales dificultades encontradas al asumir, afirma, es la falta de información sistematizada sobre la oferta turística de los 11 municipios. Por eso la Gobernación trabaja en el programa “Descubre Tarija” , que pretende levantar fichas técnicas, certificar productos y articular a municipios, operadores y actores privados.

La idea es construir una oferta escalonada: inicialmente identificar productos turísticos por municipio y temporada y, posteriormente, seleccionar aquellos con suficiente potencial para convertirse en productos de alto valor y ser promocionados en ferias nacionales e internacionales. La Ruta del Vino aparece como el producto más consolidado, pero Vázquez considera que Tarija no puede depender exclusivamente de ella. El departamento tiene, a su juicio, posibilidades en turismo de naturaleza, patrimonio, cultura, paleontología y turismo religioso.

Entre los atractivos que menciona están el cañón de Pilaya, los circuitos del Chaco vinculados con la Guerra del Chaco y la pesca en Villamontes, además de las festividades tradicionales como San Roque y Chaguaya. El cuello de botella de los aviones Pero para vender esos productos hace falta algo que Tarija hoy no tiene en cantidad suficiente: conectividad. Barez reclama al Gobierno nacional y a Boliviana de Aviación (BoA) una solución inmediata.

Su propuesta consiste en recuperar frecuencias directas entre Tarija y La Paz, así como entre Tarija y Santa Cruz, especialmente los jueves y viernes, cuando existe mayor demanda de llegada, y los domingos y lunes para el retorno. El argumento es económico: el turismo no puede crecer si el visitante enfrenta conexiones deficientes o directamente no encuentra vuelos. El problema no afecta únicamente al turismo internacional.

Según Barez, Santa Cruz y La Paz constituyen los principales mercados emisores hacia Tarija. Incluso en la Ruta del Vino, asegura que de cada diez visitantes que realizan la experiencia, aproximadamente siete serían cruceños. La apuesta es entonces aprovechar también la cercanía con el norte argentino.

Ante las dificultades de la conectividad aérea, la Secretaría pretende fortalecer la llegada de visitantes por vía terrestre y posicionar a Tarija como un “hub del sur” , conectado con el norte argentino y eventualmente articulado con otros destinos bolivianos. Más gasto y más días de permanencia El objetivo no es simplemente traer más turistas. Barez plantea atraer turistas que permanezcan más tiempo y gasten más.

La estrategia apunta a desarrollar productos de mayor valor que combinen vino, gastronomía, naturaleza, cultura y experiencias. “No tenemos que inventar una Tarija en turismo, necesitamos ordenarla para poder venderla y comercializarla al mundo”, resume. Ese enfoque también implica una discusión sobre el tipo de visitante que busca el departamento.

Barez considera que grandes concentraciones de personas, como las que pueden llegar durante congresos universitarios, dinamizan la economía, pero no necesariamente corresponden al segmento turístico que Tarija debería priorizar. Su apuesta es desarrollar el turismo de eventos, convenciones y reuniones corporativas para llenar los meses de menor actividad. La intención es romper con una marcada estacionalidad que concentra buena parte del movimiento entre septiembre y Carnaval y deja un período de descenso durante el invierno.

Para ello plantea festivales de invierno, actividades culturales, eventos corporativos y una mayor utilización de celebraciones tradicionales. San Roque, Chaguaya y el turismo religioso El turismo religioso aparece como otra oportunidad todavía poco explotada. Barez considera que San Roque tiene potencial para trascender las fronteras de Tarija y Bolivia.

El hecho de que determinadas actividades centrales de la fiesta coincidan con días laborales no debería impedir su promoción internacional, sostiene. El ejemplo que utiliza es la festividad de Urkupiña, en Cochabamba, que consigue movilizar peregrinos independientemente del día de la semana. Chaguaya también forma parte de esa estrategia.

La Secretaría pretende comenzar a promocionar las festividades con mayor anticipación y planificación, en lugar de reaccionar únicamente cuando las fechas ya están encima. Turismo y cultura, una sola estrategia Barez también defiende la vinculación entre turismo y cultura. Considera que separar ambas áreas debilita la capacidad de Tarija para mostrar su identidad al exterior.

La cultura, explica, no debe reducirse al folclore. El patrimonio, las expresiones artísticas, la identidad y las tradiciones pueden convertirse en productos turísticos si se los estructura adecuadamente. En esa misma lógica aparece la gastronomía, que el secretario considera otra de las “patas” fundamentales de la actividad turística.

Airbnb y la competencia informal Otro de los asuntos pendientes es la regulación de las plataformas de alojamiento como Airbnb. Barez reconoce que existe una diferencia entre los establecimientos hoteleros, sometidos a requisitos y controles, y una oferta de alojamiento que opera de manera más informal. La Secretaría analiza impulsar una regulación que permita ordenar ese mercado y evitar que la competencia por precio termine afectando al sector hotelero formal y, eventualmente, la calidad de la experiencia turística.

Inversión y seguridad jurídica Para convertir al turismo en industria también hace falta inversión. Barez afirma que ya existen inversores extranjeros interesados en hotelería y gastronomía en Tarija. Pero reconoce que el atractivo de un departamento no puede desvincularse de la situación nacional.

“Primero tenemos que cambiar la realidad del país en macro”, sostiene al referirse a la necesidad de seguridad jurídica. Al mismo tiempo, identifica una ventaja competitiva local: Tarija puede presentarse como un territorio relativamente tranquilo y con potencial para convertirse en un centro de servicios turísticos para el sur de Bolivia y el norte argentino. La Gobernación pretende acompañar ese proceso con una aceleradora de emprendimientos turísticos , vinculada al fondo de desarrollo productivo, para ofrecer capital semilla, asesoramiento técnico y capacitación.

La apuesta final de Barez va más allá de una gestión de cinco años. El secretario plantea construir un plan departamental de turismo con horizonte de 15 o 20 años, de modo que las políticas no cambien con cada administración. El desafío, en definitiva, es convertir una suma de atractivos dispersos en una industria organizada.

Tarija tiene vino, gastronomía, fiestas religiosas, naturaleza, patrimonio, cultura y un territorio estratégico frente al norte argentino. Lo que falta, según el diagnóstico de la nueva Secretaría de Turismo, es articular todo eso bajo una estrategia común. Y, antes que nada, conseguir que los turistas puedan llegar.

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