Jaime Aparicio: Queremos abrirnos al mundo, pero no tenemos el instrumento más importante: la diplomacia
La decisión del Gobierno de abrir Bolivia al mundo enfrenta, según el diplomático de carrera Jaime Aparicio, una contradicción de fondo: el país busca recuperar sus relaciones internacionales, pero carece de una estructura diplomática profesional que acompañe esa estrategia. La falta de embajadores, la situación de los consulados y la ausencia de equipos especializados ponen en riesgo oportunidades de inversión, financiamiento y apertura de mercados. En una entrevista concedida al programa Influyentes , de EL DEBER, Aparicio cuestionó la demora en la designación de representantes diplomáticos y sostuvo que el problema va más allá de los nombramientos.
A su juicio, Bolivia necesita recuperar la carrera diplomática y reconstruir una Cancillería c apaz de defender los intereses del Estado, independientemente del Gobierno de turno. El exrepresentante diplomático también rechazó los argumentos económicos utilizados para justificar la situación del servicio exterior. Advirtió que el costo de mantener embajadas y consulados debe evaluarse frente a los beneficios que puede generar una diplomacia activa.
Además, se refirió a la relación con Chile y al conflicto por la madera boliviana. —El presidente Rodrigo Paz ha planteado una política de apertura internacional, pero todavía hay embajadas sin titulares. ¿Cómo evalúa la situación del servicio exterior?
Creo que esa es una de las grandes falencias del nuevo Gobierno. Es bastante incomprensible porque ese mismo propósito de salir al mundo y traer el mundo a Bolivia debió comenzar con algo fundamental: recuperar la institucionalidad, particularmente en el manejo de las relaciones exteriores. En Bolivia existía una carrera diplomática que se había consolidado a lo largo de los años, con escalafones, ascensos y evaluaciones.
Durante los gobiernos del Movimiento al Socialismo se fue deshaciendo esa estructura. En la gestión de Karen Longaric se intentó recuperarla, pero después, con Luis Arce, se volvió a desconocer la carrera diplomática. Con el cambio de Gobierno se esperaba el regreso a un servicio exterior profesional, competente y comprometido con los intereses del Estado, más que con los de un partido político.
Sin embargo, se ha mantenido buena parte de la estructura anterior. El resultado es que tenemos embajadas sin titulares, consulados con problemas y una política exterior sin el seguimiento necesario. El presidente está desarrollando una política activa de acercamiento a Estados Unidos, pero esos encuentros necesitan continuidad, equipos que trabajen y funcionarios que concreten los acuerdos.
Queremos abrirnos al mundo, pero no tenemos el instrumento fundamental para hacerlo: una diplomacia que promueva inversiones, abra mercados, mejore la imagen del país y fortalezca nuestras relaciones con los organismos internacionales. —¿Qué consecuencias puede tener esta falta de representación diplomática, particularmente en la relación con Estados Unidos y los organismos multilaterales? La recomposición del servicio exterior lleva tiempo.
No se trata simplemente de nombrar a una persona y enviarla a otro país. Hay procedimientos y un trabajo de preparación. Si no se toman decisiones pronto, pasará más tiempo sin que Bolivia tenga embajadores y cónsules trabajando en los países y organismos más importantes.
Hay inquietud porque Bolivia no cuenta con representación suficiente en momentos en que está tomando decisiones relevantes de política internacional. Por ejemplo, el Gobierno ha decidido acercarse a iniciativas regionales de seguridad impulsadas por Estados Unidos. Esas decisiones generan reuniones técnicas y negociaciones que no se desarrollan necesariamente entre presidentes o ministros.
Muchas veces, las decisiones más importantes se preparan en otros niveles. También están las discusiones en la Organización de Estados Americanos y los debates sobre seguridad, derechos humanos y cooperación regional. Bolivia necesita interlocutores capaces de defender sus posiciones y participar en esas negociaciones.
Lo preocupante es que no tenemos un servicio exterior ni una estructura de Cancillería acordes con la propia política internacional que el Gobierno está intentando desarrollar. —El Gobierno ha argumentado que existen limitaciones económicas para renovar el servicio exterior y ha mencionado ahorros de alrededor de Bs 400 millones. ¿Es razonable mantener esta situación por razones presupuestarias?
No comparto esos argumentos. Creo que reflejan un desconocimiento de cómo funciona el servicio diplomático. Los gastos de retorno de los funcionarios, por ejemplo, tradicionalmente se reembolsan después de que cumplen determinados procedimientos administrativos, presentan sus informes y acreditan que no tienen obligaciones pendientes.
No necesariamente representan un desembolso inmediato. Pero hay algo más importante: no se puede evaluar el servicio exterior solamente por lo que cuesta. Hay que considerar las oportunidades económicas que puede generar.
Bolivia necesita recuperar inversiones, conseguir financiamiento y abrir mercados para sus exportaciones. Para eso se requieren equipos diplomáticos especializados que trabajen permanentemente con gobiernos, empresas y organismos internacionales. Existen mecanismos de financiamiento que podrían explorarse, como los vinculados al Exim Bank de Estados Unidos.
También se podría intentar recuperar iniciativas de cooperación que quedaron pendientes, como las relacionadas con la Corporación del Desafío del Milenio. Estamos hablando de oportunidades que pueden representar recursos muy superiores al costo de mantener una representación diplomática. Además, hay un aspecto que no puede medirse únicamente en dinero: la atención a los bolivianos que viven en el exterior.
Los compatriotas que envían remesas contribuyen de manera importante a la economía nacional. El Estado tiene la obligación de ofrecerles servicios consulares eficientes, facilitar sus trámites y tratarlos con dignidad. Hay quejas por la atención, dificultades para obtener pasaportes y problemas con otros documentos.
Necesitamos consulados modernos, con personal preparado y herramientas tecnológicas que permitan resolver esas necesidades. No se puede hablar de ahorro cuando, al mismo tiempo, se están perjudicando intereses económicos y derechos de los ciudadanos. —Está anunciada una visita del presidente de Chile a Bolivia.
¿Qué importancia tiene este acercamiento y qué asuntos deberían resolverse para fortalecer la relación bilateral? Creo que es una visita muy importante. Bolivia necesita fortalecer sus relaciones con los países vecinos y, para eso, también es fundamental contar con embajadores y equipos profesionales que trabajen en cada uno de los temas de la agenda bilateral.
En el caso de Chile existe un enorme potencial de complementación económica. Chile tiene productos y capacidades que Bolivia necesita, mientras que Bolivia puede ofrecer bienes y recursos que complementan a la economía chilena. Es una relación que puede beneficiar a ambos países.
Sin embargo, hay problemas que deberían resolverse previamente. Uno de ellos es el caso de la madera boliviana, que ha provocado un daño importante a la industria forestal, un sector que también genera divisas para el país. Considero que Chile debería revisar lo ocurrido, detener la destrucción de madera y encontrar una solución que contemple su devolución y una reparación al sector afectado.
Un gesto de buena voluntad en ese asunto ayudaría a crear mejores condiciones para la visita presidencial. De lo contrario, existe el riesgo de que el encuentro quede empañado por un conflicto que podría resolverse mediante el diálogo y la voluntad política. A puerta cerrada: así se evalúan a los embajadores que representarán a Bolivia El Canciller admite que Bolivia no tiene embajadores y anticipa designaciones “paulatinas” Después de 18 años, Bolivia y Estados Unidos trabajan en restablecer relaciones a nivel de embajadores Bolivia apunta a "reponer" embajadores con Colombia cuando asuma su próximo Gobierno