Rolando Aróstegui sobre 44 años de democracia: Seamos orgullosos de lo que dejamos atrás, pero miremos con aprehensión lo de adelante
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Rolando Aróstegui sobre 44 años de democracia: Seamos orgullosos de lo que dejamos atrás, pero miremos con aprehensión lo de adelante

Rolando Aróstegui, exprefecto del departamento de Santa Cruz durante la década de 1990 y figura histórica del partido Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR), estuvo en ‘¡ Qué Semana!’ , programa que emite Grupo EL DEBER, donde se refirió a los 44 años del retorno a la democracia que se conmemora este 10 de octubre. - ¿Qué hemos ganado y qué hemos perdido con la democracia? La democracia es un proceso que nunca ha terminado, pero tuvo sus propios peligros porque ha estado al borde de romperse dos veces.

La primera en 1993 con la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada y la segunda vez, cuando Evo Morales también renunció, pero en ambas no hubo ruptura institucional básica de la voluntad popular. La democracia también ha tenido sus ciclos. Primero el ciclo de acuerdos, con la UDP (Unión Democrática y Popular) en 1982 cuando yo fui diputado y al ver al doctor (Hernán) Siles jurar se me pusieron los pelos de punta porque no pensé haber llegado a eso: un acuerdo para que todos reconozcan al ganador.

Luego vinieron los acuerdos de gobernabilidad, que fueron el de Víctor Paz Estenssoro con Hugo Banzer, Jaime Paz Zamora con Banzer, luego Sánchez de Lozada con el MBL y con UCS, después Banzer con el MIR. Y finalmente la parte crítica que le tocó a Sánchez de Lozada en 1993, que fue duro, pero no se rompió el proceso democrático porque el presidente renunció. - ¿Cree que se ha perdido el valor de ese 10 de octubre de 1982?

La forma de soñar es posible, pero el objetivo no. Mi hija es hija de la democracia, no nieta de la dictadura, entonces de eso estoy orgulloso. Ahora, lógicamente, la democracia tiene sus propios desafíos.

Durante el primer periodo, que fue un periodo de acuerdos, se avanzó y se trató de empezar a institucionalizar después de tantos años de dictadura, gracias a ello se logró un excelente tribunal electoral, se logró institucionalizar la Fiscalía y la Contraloría. Pero ahora, la democracia se está desinstitucionalizando. - ¿Esa desinstitucionalización va de la mano con la pérdida de credibilidad en lo público?

Va de la mano de un proceso hegemónico que fue populista, centralista y tuvo un saborcillo indígena, pero que los dejó más pobres a los indígenas. Entonces, ese abuso del poder total le hizo mucho daño a la democracia. La democracia iba avanzando con los acuerdos y ahí se descubrieron los pozos de San Alberto (en Tarija) de los que vivió Evo Morales.

Luego no sacaron ni un gramo de gas en ese largo proceso que siguió (con el MAS). Pero cuando había los acuerdos (antes de Evo Morales) había una cultura del diálogo y no de la confrontación y la hegemonía, sea civil o militar. - ¿Son las personas, que en determinados momentos hemos elegido, las que le hacen daño a la democracia?

Las personas son las que representan la voluntad que vivimos, a veces bien o a veces mal, pero tenemos que aguantarlas, porque la democracia es el proceso por el cual los ciudadanos votamos y si nos hemos equivocado, en cinco años tenemos la posibilidad de cambiarlo. Y si es que nos volviéramos a equivocar, tendríamos otros cinco años para corregirlo hasta que tengamos un buen gobierno. Creo que el daño que se hizo, en los últimos 20 años, fue primero desinstitucionalizar el Estado.

- ¿Por qué tenemos esa percepción de que al político hay que juzgarlo con sentido crítico o priorizar lo negativo? Porque es lo que está en el escaparate y cuando uno ve ropa en el escaparate sabe si es bonita o fea. Pero lo que quiero decir es que, además de desinstitucionalizarse, se burocratizó el Estado y al pasar esto, el Estado se corrompió porque la burocracia es la antesala de la corrupción.

Por otro lado, se ha perdido otras cosas en democracia. Por ejemplo, desde 1982 hasta ahora se han desinstitucionalizado los partidos políticos. Los mismos son la instancia de intermediación entre el ciudadano para conformar un gobierno.

En otras palabras, no hay democracia sin partidos políticos y no hay partidos políticos sin democracia. Tenemos que volver a las organizaciones políticas que deben tener su militancia, organizarse y largar la idea que tienen del futuro, su ideología y proponérsela al ciudadano para que él escoja ¿Se hace eso ahora o solamente que se reúnan 20 días antes de las elecciones? ¿Los personalismos les ganaron a las ideas?

No. Yo creo que el proceso de 20 años de persecución a los partidos políticos los fue destruyendo y hasta ahora no hemos sido capaces de volver a valorar los partidos políticos. Es más, se pretendió desguazar los partidos políticos haciendo organizaciones ciudadanas que, si bien son participativas, no tienen una unidad global del país.

Ahora vivimos un momento de transición y seamos orgullosos de lo que dejamos atrás, pero miremos con aprehensión lo de adelante. Hay un caos democrático que no lo hemos querido mirar y consiste en que grupos sociales interesados utilizan formas democráticas con fines antidemocráticos. Una de ellas es lo que ocurrió en el bloqueo de los 53 días, que nace con un pliego petitorio de la COB que es algo legítimo.

Después salen a las calles, pero cuando vieron que estas no son eran el lugar del combate, pues se fueron a las rutas. Entonces crearon estos 53 días de paralización y eso es antidemocrático y conspirativo. Luego, nosotros empezamos a decir ¿qué es más importante, las urnas o las calles?

Las primeras son donde votamos todos y las segundas es donde pocos somos capaces de protestar. Entonces tenemos que volver a los valores de la democracia y tenemos que hacer también que los gobiernos gobiernen para todos. Porque, al fin y al cabo, los gobiernos son para proteger a los más débiles.

-¿La polarización política nos ha consumido? No creo que haya tanta polarización política, sino que, al no existir partidos políticos con todas sus formas de organización, la debilitación comienza desde el dialogo. Yo milité en un partido político y cuando íbamos a tomar una decisión en la asamblea, nos reuníamos todos y de ahí salía una decisión.

Esa decisión se llamaba centralismo democrático, donde los que estábamos de acuerdo y los que no estábamos de acuerdo, teníamos que apoyar aquello que el partido unitariamente había determinado. - En 1982, la palabra autonomía apenas se oía. Ahora que hablamos de autonomía, como algo cotidiano, miramos para adelante el concepto de federalismo ¿cómo ve esto?

En 1982, cuando salía una edición del periódico EL DEBER llegaba a Pando a los dos días, pero ahora nos están escuchando desde allá. Entonces, la rapidez de la información hace que la comunicación inmediata tenga al ciudadano más informado, por lo tanto, al tener al ciudadano más informado este exige más opciones de su gobernante. Y al exigir más opciones al gobernante, la gente quiere estar más cerca del Estado y del gobierno por el que votó.

Entonces, empieza primero con la descentralización, como un proceso, y luego sigue la autonomía. Pero creo que con la autonomía no basta y tenemos que llegar a un Estado federal, donde cada uno podamos hacer aquello que creamos que es necesario para vivir mejor. - ¿Cómo debemos recordar este 10 de octubre?

Yo creo que, no tanto mirando hacia atrás, sino mirando más hacia adelante. - ¿Qué les dice a los jóvenes que tienen que mirar esa democracia hacia adelante? Que confíen y participen en ella.

No tengan miedo de militar en un partido político que es el que determina el poder temporalmente porque después somos los ciudadanos los que miramos y fiscalizamos el alto poder. Creo que en Bolivia no merecemos que, siendo 11 millones de habitantes y nos toque un kilómetro cuadrado por cada persona, haya una persona pobre. Tenemos que luchar contra la pobreza y se lucha contra la pobreza, indirectamente, con la educación y con la salud, además de tener un poder ágil y rápido que resuelva los problemas de los ciudadanos.

Muchachos, el futuro está en sus manos. Ustedes son los que tienen que concluir la democracia de sus hijos. No le tengan miedo, métanle con amor, cariño y pasión, pero sobre todo buscando la justicia y felicidad.

Finalmente, y encima de todo esto, que todos vivamos en paz y con seguridad, como no lo hicimos antes de los 44 años de democracia, cuando estábamos clandestinos, presos, exiliados o cuando finalmente nos mataban. Día de la Democracia: ¿cómo evolucionó el país en estos 44 años? El dólar oficial cae 2,25% en Bolivia en diez días

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