¿Cuánto vale un bosque en pie? Así le pusieron precio
¿Cuánto vale el monte donde jugabas en tu niñez? Una respuesta puede ser que “no tiene precio”. Y es una respuesta correcta.
Pero es también el problema, porque en el balance de quien lo tumba para sembrar, el bosque no aparece como una pérdida. “Costos ocultos de la agricultura”, un estudio de TIERRA, CIPCA y Fundación Jubileo, intentó reemplazar ese cero por un número, mostrando cómo lo hizo. Para calcular los costos ocultos del agro, los autores necesitaron ponerles precio a tres cosas que no se venden en ningún mercado: el carbono que un bosque guarda y que se libera al tumbarlo o quemarlo, la biodiversidad que se pierde, y los años de vida sana que se pierden cuando alguien se intoxica o se alimenta mal.
Para el carbono, partieron de un rango de la literatura que va de 15 a 150 dólares por tonelada de dióxido de carbono. La FAO usa 100; una comisión de alto nivel sugiere entre 63 y 127; el promedio que calcularon fue 95. Luego lo ajustaron al nivel de ingresos de Bolivia y quedaron en 55.
Es una decisión que baja el resultado, pues con 95, solo el costo del CO₂ pasaría de unos 1.400 millones a unos 2.400, según un cálculo proporcional aproximado. Es decir, un supuesto mueve la cifra en mil millones. Los autores explican que el ajuste evita sobreestimar el impacto en un país de ingreso medio-bajo; otros podrían objetar que una tonelada de CO₂ calienta igual dondequiera que se emita.
Para la biodiversidad usaron 1.000 dólares por hectárea deforestada al año, un valor de referencia adaptado de True Price que, según explican, corresponde a los rangos más bajos de la literatura. No sale de una medición hecha en Bolivia, y se aplica solo a lo desmontado. Para la salud contaron años de vida sana perdidos.
Un ejemplo: el estudio estima unos 12.000 casos de intoxicación aguda por plaguicidas al año, con una tasa supuesta del 3%, y cada caso resta en promedio 0,546 años de vida sana, lo que da 6.689 años. Cada año se valora con el PIB per cápita, 10.379 dólares, como si valiera lo que una persona produce en un año. El resultado es de 69 millones de dólares.
Es un método usual y debatido, porque mide productividad y no sufrimiento; los propios autores reconocen que los ingresos rurales están por debajo de ese promedio. Lo que no se contó pesa tanto como lo contado El estudio dice que adoptó las estimaciones más conservadoras casi en todos los casos, que se limitó a impactos directos y que los efectos indirectos, como los incendios que se salen de las áreas agrícolas, no están. Tampoco están los efectos crónicos en la salud ni los gastos médicos.
Y no se encontró un análisis de sensibilidad que muestre cuánto cambia el resultado al mover cada supuesto. Los autores aclaran que no es una auditoría ni sirve para fijar responsabilidades legales, sino para dimensionar y comparar. Por eso conviene leer los 2.894 millones como un orden de magnitud y no como una factura.
Por el momento, el sector agroindustrial no ha publicado una réplica metodológica, y sería sana: ¿55 o 95 dólares? ¿1.000 por hectárea o menos? Ponerle precio a un bosque no es decir que se compra.
Es obligar a que alguien lo anote. El debate honesto no es si el número exacto es 55 o 95, sino si cero es una respuesta defendible.